En la semana 23 de embarazo estás un poco más allá de la mitad del camino. El feto mide aproximadamente entre 28 y 30 cm de longitud total y puede pesar entre 500 y 600 gramos, comparable al tamaño de una papaya pequeña. Los movimientos son más coordinados y claros, y los sentidos siguen desarrollándose rápidamente. En cuanto a meses, la semana 23 corresponde aproximadamente a cinco meses y medio de embarazo.
Esta semana pueden comenzar a notarse las primeras contracciones de Braxton Hicks, que son tensiones irregulares e indoloras del útero. También es posible que los senos comiencen a producir calostro, el primer líquido que antecede a la leche materna.
La semana 23 sigue a la semana 22 de embarazo y pertenece al segundo trimestre. A continuación puedes leer sobre la semana 24 de embarazo, cuando comienza la ventana para la curva de glucosa y el factor Rh puede requerir atención.
El feto mide entre 28 y 30 cm y pesa aproximadamente entre 500 y 600 gramos. La piel sigue siendo delgada y arrugada, y los vasos sanguíneos son visibles a través de ella, lo que puede darle un tono rosado-rojizo. La grasa subcutánea continúa acumulándose y la piel irá perdiendo ese aspecto translúcido en las próximas semanas.
Las áreas sensoriales del cerebro siguen madurando. El bebé puede responder a sonidos, sabores del líquido amniótico y cambios de luz. Se mueve de forma cada vez más coordinada: abre y cierra los párpados, se lleva las manos a la cara, succiona y practica movimientos de respiración introduciendo y expulsando líquido amniótico hacia los pulmones, un ensayo esencial para la respiración postnatal.
A las 23 semanas, en caso de parto prematuro, la supervivencia es posible con atención neonatal intensiva especializada, aunque conlleva riesgos significativos. La semana 24 es considerada por muchos sistemas de salud como el umbral general de viabilidad, con mejores posibilidades de sobrevivencia y menor riesgo de secuelas graves.
Las contracciones de Braxton Hicks pueden comenzar a notarse a partir del segundo trimestre. Se perciben como una tensión o endurecimiento del abdomen que dura entre 30 segundos y 2 minutos, generalmente sin dolor o con una leve incomodidad. Son irregulares, no aumentan en frecuencia ni intensidad y ceden al cambiar de posición o hidratarse. La deshidratación, el ejercicio intenso, las relaciones sexuales o un día muy activo pueden desencadenarlas o intensificarlas.
Es importante distinguirlas de las contracciones del trabajo de parto prematuro. Busca atención médica urgente si las contracciones se vuelven regulares (más de 4 en una hora), cada vez más intensas y dolorosas, van acompañadas de sangrado vaginal, pérdida de líquido por la vagina, presión pélvica intensa, dolor de espalda que va y viene, o una reducción clara de los movimientos del bebé.
Algunas personas notan calostro —un líquido espeso, amarillento o blanquecino— saliendo de los pezones a partir del segundo trimestre. El calostro es el primer alimento del recién nacido, rico en anticuerpos y nutrientes esenciales. No todas las personas lo notan durante el embarazo, y que no haya goteo no significa que no habrá leche después del parto. No es necesario estimular los pezones ni extraer calostro durante el embarazo de rutina; si tu ginecóloga o partera te da alguna indicación específica, síguela.
La hinchazón en pies y tobillos, la acidez, el dolor de espalda, la congestión nasal, el insomnio y los cambios de humor son síntomas comunes. Descansa con los pies elevados cuando puedas y duerme de lado con almohadas de apoyo.
Contracciones de Braxton Hicks – tensiones irregulares e indoloras del útero que pueden comenzar en el segundo trimestre. Son contracciones de práctica o preparación y no dilatan el cuello uterino. Se diferencian del trabajo de parto porque son irregulares, no aumentan en frecuencia ni intensidad y ceden al cambiar de posición o hidratarse.
Calostro – el primer líquido que producen los senos, espeso, de color amarillo o blanquecino, rico en anticuerpos, proteínas y factores de crecimiento. Es el alimento ideal del recién nacido en los primeros días de vida, antes de que aparezca la leche madura. Puede comenzar a producirse a partir del segundo trimestre. Su presencia o ausencia durante el embarazo no predice la capacidad de lactar.
Viabilidad fetal – la capacidad del bebé de sobrevivir fuera del útero con atención médica. Generalmente se considera a partir de las 22–24 semanas, aunque la supervivencia antes de las 25 semanas conlleva riesgos significativos de complicaciones. A partir de las 28 semanas, los resultados neonatales mejoran considerablemente.
Parto prematuro – el nacimiento que ocurre antes de las 37 semanas completas de gestación. Sus señales de alarma incluyen contracciones regulares antes de tiempo, pérdida de líquido amniótico, sangrado vaginal, presión pélvica intensa y dolor de espalda rítmico. Ante cualquiera de estas señales, acude a urgencias sin esperar.
Movimientos de respiración fetal – movimientos que el feto realiza desde el segundo trimestre en los que introduce y expulsa líquido amniótico hacia los pulmones. Estos movimientos son esenciales para el desarrollo pulmonar y constituyen un ensayo para la respiración postnatal. No indican que el bebé esté respirando aire.
La semana 23 corresponde aproximadamente a cinco meses y medio de embarazo. Los profesionales de salud trabajan en semanas porque son más precisas para el seguimiento del desarrollo fetal.
Las contracciones de Braxton Hicks son tensiones irregulares del útero, generalmente indoloras o levemente incómodas, que pueden comenzar en el segundo trimestre. Las desencadenan la deshidratación, el ejercicio, las relaciones sexuales o un día muy activo. Debes llamar a tu ginecóloga si las contracciones se vuelven regulares, más frecuentes, dolorosas o van acompañadas de sangrado, pérdida de líquido, presión pélvica intensa o reducción de los movimientos del bebé.
El feto mide aproximadamente entre 28 y 30 cm de longitud total y puede pesar entre 500 y 600 gramos. Las estimaciones varían según las medidas del ultrasonido.
Sí. El calostro —el primer líquido que producen los senos antes de la leche madura— puede comenzar a aparecer a partir del segundo trimestre en algunas personas. Su presencia es una señal de que los senos se están preparando para la lactancia. No todas las personas lo notan, y no tenerlo no significa que no habrá leche después del parto.
La hinchazón en pies y tobillos, la acidez, la congestión nasal, los cambios de apetito, el dolor de espalda y el insomnio son síntomas comunes. La hinchazón súbita de cara o manos, el dolor de cabeza intenso, las alteraciones visuales, el sangrado, la pérdida de líquido o una reducción de los movimientos del bebé requieren atención médica urgente.