En la semana 26 de embarazo el bebé mide aproximadamente 35 cm de longitud total y puede pesar entre 760 y 900 gramos, comparable al tamaño de un repollo pequeño. La piel se ve progresivamente menos arrugada y más redondeada a medida que la grasa subcutánea continúa acumulándose. Una de las novedades más notables de esta semana: los párpados, que habían permanecido fusionados desde las primeras semanas del embarazo, comienzan a separarse y el bebé puede abrir y cerrar los ojos. En cuanto a meses, la semana 26 corresponde a aproximadamente seis meses y dos semanas de embarazo.
La semana 26 sigue a la semana 25 de embarazo y pertenece al segundo trimestre. A continuación puedes leer sobre la semana 27 de embarazo, la última de este trimestre y la antesala del tercer trimestre.
El bebé mide aproximadamente 35 cm y pesa entre 760 y 900 gramos. La grasa subcutánea sigue acumulándose y la piel adquiere un aspecto cada vez más opaco y menos arrugado. Las cejas, las pestañas, las uñas de las manos y los pies continúan creciendo y el cuerpo se vuelve más redondeado.
Los párpados, que habían estado fusionados desde las semanas 9 a 10 como mecanismo de protección del ojo en desarrollo, comienzan a separarse. El bebé puede abrir y cerrar los ojos y responde a cambios de luz intensa: una luz brillante apuntada al abdomen puede provocar que se mueva o gire la cabeza. La visión es muy rudimentaria —distingue luz de oscuridad— y seguirá madurando durante los meses siguientes.
La corteza cerebral se expande activamente y desarrolla los primeros pliegues y surcos. Los ciclos de sueño activo y tranquilo son más diferenciados. El bebé reconoce voces familiares y puede reaccionar a sonidos fuertes con movimientos perceptibles desde el exterior. Los movimientos de respiración, introduciendo y expulsando líquido amniótico, continúan preparando los pulmones.
La presión arterial tiende a bajar durante el primer y segundo trimestre por la vasodilatación fisiológica del embarazo. A partir de las semanas 26 a 28 puede comenzar a acercarse a tus valores habituales previos al embarazo. Tu ginecóloga la monitorizará en cada consulta prenatal: una elevación sostenida por encima de 140/90 mmHg puede ser señal de preeclampsia y requiere evaluación urgente.
La dificultad para respirar —disnea del embarazo— es frecuente y se debe a que el útero que crece desplaza el diafragma hacia arriba, reduciendo ligeramente la capacidad pulmonar. Aunque puede ser incómoda, la saturación de oxígeno suele mantenerse en rangos normales. Dormir con la cabecera ligeramente elevada, mantener una postura erguida y evitar las comidas muy abundantes puede ayudar. Si la dificultad respiratoria es repentina, severa o va acompañada de dolor en el pecho, busca atención médica urgente.
El sueño puede verse interrumpido por el tamaño de la barriga, la necesidad de orinar durante la noche y el síndrome de piernas inquietas: una sensación de malestar o necesidad imperiosa de mover las piernas que empeora en reposo. Si lo presentas con frecuencia, coméntaselo a tu ginecóloga, ya que se asocia frecuentemente a déficit de hierro.
El estreñimiento sigue siendo común por el efecto de la progesterona sobre la musculatura intestinal y la presión del útero. La hinchazón leve de pies y tobillos, la acidez, el dolor de espalda y los cambios de humor son síntomas frecuentes. Ante hinchazón súbita de cara o manos, dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales, zumbidos o dolor en la parte superior del abdomen, busca atención médica urgente.
Entre las semanas 26 y 28, tu ginecóloga puede comenzar a darte indicaciones específicas sobre el registro de los movimientos del bebé. Existen diferentes métodos; uno de los más utilizados es el método de Cardiff: cuenta los movimientos del bebé a lo largo del día y registra cuánto tiempo tardas en llegar a 10 movimientos perceptibles. Si pasan 12 horas sin que hayas llegado a 10, llama a tu ginecóloga.
Otro enfoque consiste en elegir un momento del día en que el bebé suele estar activo —frecuentemente después de comer o por la noche— y contar sus movimientos durante una hora. Con el tiempo, identificarás qué es habitual para tu bebé. Cuentan como movimiento cualquier patada, giro, empujón o burbuja perceptible.
Lo más importante no es llegar a un número mágico, sino conocer el patrón habitual de tu bebé y estar atenta a los cambios. Una reducción notable y sostenida respecto a lo que es normal para él —no solo un día más quieto— es la señal para llamar a tu ginecóloga. Ante la duda, siempre es mejor consultar.
Párpados fetales – los párpados se desarrollan en las primeras semanas del embarazo y permanecen fusionados hasta alrededor de las semanas 25 a 27, cuando el ojo ha terminado de formarse. A partir de ese momento el bebé puede abrir y cerrar los ojos dentro del útero y responde a cambios de luz.
Conteo de movimientos fetales (método de Cardiff) – método de monitoreo en el que se registra cuánto tiempo tarda el bebé en realizar 10 movimientos perceptibles a lo largo del día. Si pasan 12 horas sin llegar a 10 movimientos, se recomienda contactar al equipo de salud. Lo más importante es conocer el patrón habitual del propio bebé y estar atenta a los cambios.
Disnea del embarazo – dificultad para respirar frecuente en el segundo y tercer trimestre, causada por el desplazamiento del diafragma hacia arriba por el útero en crecimiento. No suele afectar la oxigenación del bebé. Una disnea repentina, severa o acompañada de dolor en el pecho requiere evaluación médica urgente.
Síndrome de piernas inquietas en el embarazo – sensación de malestar o necesidad urgente de mover las piernas, especialmente en reposo o al intentar dormir. Es más frecuente en el embarazo y se ha asociado con la deficiencia de hierro. Si interfiere con el sueño o es muy frecuente, coméntaselo a tu ginecóloga.
Preeclampsia – complicación del embarazo caracterizada por presión arterial elevada (≥140/90 mmHg) y daño orgánico, generalmente renal. Sus señales de alarma incluyen hinchazón súbita de cara o manos, dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales, zumbidos y dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen. Requiere evaluación médica urgente. La monitorización de la presión arterial en cada consulta prenatal busca precisamente detectar esta complicación de forma precoz.
No hay un número mínimo universalmente acordado para todos los embarazos, pero uno de los métodos más usados es el método de Cardiff: cuenta hasta 10 movimientos a lo largo del día. Si pasan 12 horas sin que hayas sentido 10 movimientos, llama a tu ginecóloga. Otro enfoque es elegir una hora en que el bebé suele estar activo y contar sus movimientos durante una hora. Con el tiempo conocerás el patrón habitual de tu bebé, y lo más importante es estar atenta a los cambios sostenidos respecto a ese patrón.
Durante el primer y segundo trimestre la presión arterial tiende a bajar por la vasodilatación fisiológica del embarazo. Hacia las semanas 26 a 28 puede comenzar a acercarse a tus valores habituales previos al embarazo. Tu ginecóloga la monitorizará en cada consulta. Si sientes hinchazón súbita de cara o manos, dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales o zumbidos, busca atención médica urgente, ya que estas son señales de preeclampsia.
La dificultad para respirar —disnea del embarazo— es frecuente en el segundo y tercer trimestre. El útero que crece desplaza el diafragma hacia arriba, reduciendo ligeramente la capacidad pulmonar. Aunque puede sentirse que el aire no llega bien, la saturación de oxígeno suele mantenerse normal. Mantener una postura erguida, dormir con la cabecera elevada y evitar las comidas muy abundantes ayuda. Si sientes dificultad respiratoria repentina o severa, especialmente con dolor en el pecho, busca atención médica urgente.
En la semana 26, los párpados que habían permanecido fusionados desde las primeras semanas del embarazo empiezan a separarse. El bebé puede abrir y cerrar los ojos y responde a cambios de luz intensa: una luz brillante apuntada al abdomen puede provocar que se mueva. Sin embargo, la visión intrauterina es muy rudimentaria: distingue luz de oscuridad, pero no percibe formas ni imágenes como lo hará después del nacimiento.
El estreñimiento en el embarazo se debe principalmente a la progesterona, que relaja la musculatura intestinal y ralentiza la digestión. Las estrategias más efectivas son: aumentar la ingesta de fibra (frutas con cáscara, verduras, legumbres, cereales integrales), beber suficiente agua durante el día, mantenerse físicamente activa y no ignorar el impulso de defecar. Las ciruelas pasas o el jugo de ciruelas son especialmente efectivos. Si el estreñimiento es severo, consulta a tu ginecóloga antes de usar cualquier laxante durante el embarazo.